Loser like me?
Capitulo 1: Introducción.
Es difícil ser diferente durante la etapa escolar. No solo debes sufrir discriminación e intensas golpizas y humillaciones por parte de los que si son “aceptados” , sino que a veces, como es mi caso, eres obviado, pasado por alto como si no existieras. Había pasado todos los años de mi existencia sumido en la actividad escolar, me interesaba poco mejorar mi nivel de socialización. Tenía que ser el mejor en todo, mi madre me decía, antes que muriera.
Mi vía crucis comenzó cuando inicié la Escuela Media, no por ser maltratado, sino porque en ese lugar fue donde me fui haciendo cada vez menos notorio, cada vez más sumido en los estudios, en un hogar donde mi hermana menor era más responsable que mi padre y el vacío sentimental causado por la muerte era sofocante. Así fueron mis dos años en la Secundaria, prácticamente internado en la actividad escolar, concentrado en tener las mejores notas. Luego, llegó tal vez el peor día de mi vida: cuando entre al primer año de Preparatoria. Nos llamaban Freshman y, como era de esperarse, nos enseñaban ciertas cosas, pero no de la forma que uno esperaría. Mi primera “lección” fue que siempre, así te estés deshidratando, deben dejarle el lugar del bebedero a cualquier estudiante del último año que lo quiera. Obviamente, mi ignorancia me jugó la pasada y terminé 2 horas y 27 minutos encerrado en un casillero, hasta que un chico, que hasta entonces no conocía, me rescató. Su nombre era Jason, era afroamericano, era también un freshman y desde ese momento se convirtió en mi mejor amigo. Conforme pasaba el año, aquel estudiante de último año que me encerró en el casillero siguió atacándome periódicamente, haciéndome bromas de mal gusto, empujándome hacia los casilleros, metiéndome zancadillas y haciendo que mi almuerzo termine en el piso, y de vez en cuando llevándose mis lentes y escondiéndolos en la caja de la serpiente, en el laboratorio de Biología. Mi segundo año fue básicamente lo mismo, solo que ahora todo el equipo de futbol estaba en contra mía, en especial el nuevo Mariscal de Campo, Chad. El tercero también fue lo mismo, nada nuevo. Así fue como pasé de la anonimidad a la plena “fama” y ahora estaba en mi último año, entrando al primer día de clases con el mismo miedo con el que entré hace cuatro años. Esto no podía seguir así, de ninguna manera.
-¡Anthony!-
-¿Ah?-
Cierto, olvide decir que mi nombre es Anthony, Anthony McClugg: perfecto nerd e inadaptado social.
-Anthony, ¡aquí!-volteé buscando de donde venía esa voz conocida. Era Jason, mi mejor amigo, y estaba sentado en una de las mesas de la entrada del colegio, con un grupo de personas. Unas conocidas y otras no. Jason siempre había sido más social que yo… mucho más social.
-Jason-dije tranquilamente acercándome, con la mochila completamente postrada en la espalda y un abrazo contra mi pecho.-¿Cómo has estado?-
-¡Haha! ¿Cómo has estado? Me he ausentado todo el verano ¿y es así como me recibes?-dije Jason parándose. ¿También había olvidado decir que Jason se va todos los veranos a algún sitio diferente? Bueno, pues este verano se fue a Miami.
-Perdón, es que ando un poco dormido aún- dije sonriendo a la mitad.
-No tiene por qué disculparte, hermano. Todo está bien.-él se acercó y me abrazó, riendo mientras escuchaba como las demás personas comenzaban a susurrarse cosas entre si.-Oh, si. Ellas son Rose y Alice, son nuevas y justamente vienen de Miami.-
-Hola-saludo Rose. Era una chica bonita, pero nada impresionante, por lo menos para mi. Pelo negro, tez blanca y ojos azules.
-Hola-saludo Alice también y me quedé atontado. Nunca en mi vida había visto una chica igual. Bueno, tal vez en internet, pero nunca cara a cara. Era hermosa, rubia con un toque de castaño, ojos verdes y piel bronceada, que no llegaba a ser del todo cobriza. Me quedé sin palabras, traté de decir algo, pero nada salía de mi boca. De pronto, sentí un golpe en la nuca, era Jason mirándome con cara de mierda, como diciéndome que no haga estupideces.
-Hola. Soy Anthony, Anthony McClugg-logré decir finalmente.
-Tío, ¿Por qué siempre tienes que decir tu nombre dos veces?-sarcasmo. Odiaba el sarcasmo de Jason, era lo peor.
-No responderé a esa pregunta-dije girando los ojos. Volteé a mirarlo con la misma cara con la que él me miró, pero sonó el timbre de inicios de clase.
-Bueno, nos vemos más tarde, Tony-Jason colocó una mano en mi hombro, guiño un ojo y se fue, con las 2 chicas junto a él. Mi mirada siguió a Alice y no la soltó hasta que desapareció por la puerta de la entrada. Mi trance fue roto por un empujón y unas risas bastante conocidas por mi. Un año más, el equipo de Futbol nuevamente estaba en contra mía.
-¿Cómo vas, McClugg? ¡Pensé que este año no regresarías!-Chad: la persona más desagradable que había conocido desde ya 3 años. El imbécil lo tenía todo, chicas, dinero, popularidad y éxito deportivo. “Pero de seguro sus notas son un desastre, debe ser un neandertal”, alguna vez me había dicho a mí mismo. Lo curioso era que no era así, el hijo de puta tenía notas excelentes para los estándares de Mariscales de Campo en el país; si no lograba una beca por deportes –lo cual era lo más seguro–ganaría una por estudios, irremediablemente. El chico tenía el coeficiente intelectual de Isaac Newton, pero la actitud de un gorila.
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