Angelus Posteris Pt. 1
Ciudad Del Vaticano, Italia
-¿Estás seguro de esto?-dijo el hombre en el velo blanco.
-Si. Está pasando-le respondió una voz. Un hombre de edad ya avanzada, llevaba un velo blanco también, con un colgante de una cruz. El anciano camino hacia el otro hombre y colocó una mano en su hombro, para luego suspirar y hacer un señal de “Si” con su cabeza.
-Pero es imposible-dijo el hombre, bastante más joven que el otro-No tiene sentido. Sé que habían escritos pero…-
-Pero ha comenzado-lo interrumpió el anciano.-Nos advirtieron, nosotros no hicimos caso. Ahora tenemos que soportar lo que sea que venga-cerró los ojos. Comenzó a mascullar unas palabras, de seguro orando
-Yo sé que hay escritos. ¡Pero simplemente no tiene sentido! ¿Cómo es que demonios abundarán la tierra? No lo entiendo. ¿Quiénes son estos Evocadores?-preguntó el joven, agarrándose la cabeza.
-Pronto sabremos, hijo. Ahora lo único que nos queda es orar por el bien del mundo-el hombre cerró los ojos, juntó las manos y se arrodilló frente a un crucifijo que era iluminado por una vela. El joven también se arrodilló y frustrado comenzó a susurrar algunas palabras.
Bay Area, California
Me desperté algo confundido, frotándome los ojos por lo que acababa de soñar. Dos padres hablando acerca de algo que no querían que sucediese, algo que al parecer la Iglesia estaba ocultando. Sacudí mi cabeza, como para sacarme la estupidez. Era solo un sueño, no me debía preocupar. Me levanté de la cama, para dirigirme a la puerta y salir hacia el comedor a por el desayuno. De reojo, antes de salir al pasadizo, miré el reloj, que me decía que eran las 11:11.
-Vaya hora para despertarse-me dije sonriendo. Cerré los ojos y pedí un deseo, que aunque supiera que nunca se haría realidad, soñarlo no me costaba nada.
Bajé por las escaleras rápidamente, aterrizando en la primera planta de mi casa. Volteé a mi derecha, para encontrar a mi papá cocinando algo, por el olor parecían ¿Huevos? Dudé si comería un desayuno normal, pero que daba, al menos comería. Entré a la cocina y me senté en la mesa.
-Hola, Pá-dije recostando mis codos sobre la mesa. Mi padre volteó a verme y sonrió-
-¡Hijo! ¿Qué tal dormiste? Mira, hice huevos revueltos-llevó su mano hacia la sartén y me la enseño. Dentro de esta había una cierta masa amarillenta, que solo por el olor sería huevo. Al fin de cuentas, había tenido razón, no iba a tomar desayuno.
-Oh, interesante, Pá-dije disimulando el asco-Pero prefiero cereal. Tú sabes, fibra, vitaminas… Necesito esas cosas-dije con una sonrisa forzada en el rostro. Mi padre suspiró, con alivio para mi sorpresa, al parecer el tampoco quería comer lo que acababa de hacer. Dejó la sartén en la estufa y agarro un par de platos de la repisa, para luego acercarse y se sentarse frente mío.
-¿A qué hora sale tu bus?-me preguntó entregándome el plato. Hoy tenía una excursión con el grupo de la Iglesia a la que pertenecía. Íbamos a un viaje de reflexión y oración, donde iban a ir no solo personas de por aquí, sino de todos los lugares del mundo. Incluyendo Texas.
-A las 2:30 debo de estar en la Iglesia-dije mientras me servía cereal y agarraba una cuchara.
-¿Qué es lo que van a hacer exactamente, eh?-dijo preocupado. Mi padre, a pesar de haberle explicado que era simplemente un encuentro de la juventud cristiana a nivel mundial, pensaba que me iban a llevar a algún tipo de camal para hacer todas las cosas malas que en su cabeza podrían pasar. Giré los ojos, con una sonrisa en el rostro.
-Papá, es un encuentro religioso mundial. El lugar está a 5 kilómetros de las Vegas, así que no te preocupes, no podré hacer nada malo-dije sarcásticamente. ¿He mencionado que el sarcasmo es como mi segunda lengua? Me levante hacia la refrigeradora, para sacar leche y volver a mi lugar, donde aún mi padre tenía una cara de preocupación bastante molesta.
-Hijo, prométeme que tendrás cuidado-dijo. Al parecer el estaba convencido que algo malo pasaría. ¿Alguien alguna vez ha escuchado sobre la Intuición Masculina? Yo no.
Suspiré resignado y le sonreí.
-Ok, Pá. Me cuidaré. De todas las formas que se pueda-llevé una mano a mi cabello para “arreglármelo” mientras que con la otra llevaba una cucharada de cereal a mi boca.
-Bueno, pues. Son las 11:45, Tony. Mejor anda báñate, para que estés listo con tiempo-dijo mi padre parándose de la mesa y señalando su reloj.-Iré a ver el partido-salió de la cocina y fue hacia la sala, donde el televisor andaba prendido.
-Dios, que paranoico-me dije para mi mismo.-Ni qué Nevada fuera una zona de guerra-rodé los ojos y di el último bocado de mi cereal. Me levanté a dejarlo en el caño y luego me dirigí a mi cuarto nuevamente, a bañarme y prepararme. Aunque yo no creía, como mi padre, que algo malo pasaría, sabía que aquel encuentro iba a marcarme, por lo menos ese era mi deseo.
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