Angelus Posteris Pt. 3

VENECIA, ITALIA

Un joven corría por un pasillo, su cara mostraba horror. Corría mirando hacia atrás, como huyendo de algo, como si algo terrorífico lo estuviera siguiendo. Él respiraba agitado y ya su corrida se hacía cada vez más lenta, doblo por una esquina pero choco contra algo. Un cuerpo oscuro, difícil de descifrar. El hombre comenzó a arrastrase hacia atrás, murmurando palabras.

-No puedes escapar, ninguno de ustedes lo hará-dijo la figura sombría en un tono de voz grave, casi inhumana. Llevo su mano hasta su espalda, de donde saco una guadaña, para luego apuntarla al hombre.

-Por favor, por lo que más quiera. No haga esto. Se lo pido. Haré lo que usted desee, solo no me mate-el hombre junto sus manos y se arrodillo ante la figura, como si el Dios en el que creía hubiera desaparecido y el único al cual admirar fuera aquella monstruosa silueta.

-Es tarde, Hermano. Sus días están contados, pronto El Caído resurgirá de lo más profundo del Tártaro, condenando las almas de de infelices como tú. Pronto, nosotros los rebeldes nos alzaremos en victoria, sobre toda esta insulsa humanidad-llevó ligeramente su brazo hacia atrás y con fuerza osciló su guadaña hacia adelante, cortándole la cabeza al hombre. La figura desapareció entre la oscuridad, dejando nada más que silencio.


Las Vegas, Nevada

Comenzé a abrir los ojos lentamente, mientras que los últimos rayos del sol chocaban contra mi rostro. Levanté mi cabeza lentamente, observando alrededor. Robin dormía, también Will y así la mayoría de los que estaban en el bus. Suspiré hondo, había tenido un sueño extraño, una clase de demonio decapitando a un sacerdote, o al menos eso parecía. Me sobé los ojos, como si eso me sacaría el sueño de encima. Comenzé a escuchar un sonido lejano, era la radio del conductor, cerré los ojos y me concentré en escucharlo y lo que oí me dejó atonito.

“Múltiples Homicidios en la Basílica de Giorgio Maggiore. Siete sacerdotes encontrados muertos. La mayoría de ellos decapitados” Me quedé helado ante lo que acababa de escuchar. ¿Tendría alguna relación con el sueño que acababa de tener? Sacudí mi cabeza y llevé mis manos a ella, sin saber que hacer, comenzé a orar, pidiéndole a Dios que nada malo ocurriese. Levanté la cabeza y me encontré con una mirada fija, era Aly, que al parecer estaba despierta. Ella estaba dos sitios adelante, pero aún así pude verla sonriéndome asi que le respondí con una sonrisa aún más grande.

“¿Dormiste bien?” Logré leer en sus labios. Hice una señal de SÍ, sin sacar todavía mi sonrisa. Alcé mi brazo y revisé la hora. Eran las 7:56, ya estábamos a punto de llegar al lugar, al menos debíamos estar a punto de llegar. Me recosté en el sillón cerrando los ojos, para despertarme casi inmediatamente con el sonido de estacionamiento del bus. Volteé y a varios le había pasado lo mismo, una gran cantidad ahora se encontraba estirándose y frotándose los ojos, en señal de que algo les había despertado.

-MUY BIEN, SEÑORITAS. ANDANDO, YA LLEGAMOS AL LUGAR PACTADO-se escucho la voz del Sr. Gruse tan alto como siempre. La gente comenzó a pararse de sus asientos y a hacer una fila recta por el pasillo del bus, para así salir de este. Me paré aún algo confundido por el sueño, mientras sentía cómo Rob me jalaba el brazo.

-Haha, deberías haberte visto hablando dormido. Decías cosas raras cómo. “El Caído resurgirá” o “Nosotros los rebeldes reinaremos esta tierra”. Fue muy cómico, parecía un chibolo con un trauma por ser violado por un negro marino-dijo Rob riéndose, a la cual lo acompaño Will con otra risa también. No pude sonreír como habitualmente lo hubiera hecho, había estado diciendo lo que la figura sombría en mi sueño había dicho. Eso era algo macabro.

-¿Si? Qué raro, nunca me había pasado eso-dije disimuladamente. Seguí caminando hasta el final de bus, para de ahí bajar las escaleras y luego seguir al Sr. Gruse que nos daba indicaciones de donde teníamos que ir. Con él estaban un par de profesores de Religión del colegio, que también nos guiaban a donde teníamos que ir. Caminé con mis dos amigos al costado, ellos hablaban diciendo chistes pero yo no hacía caso, simplemente mi cabeza andaba pensando en el perturbador sueño que acababa de tener, que al parecer se había hecho real.

Fuimos dirigidos hacia una pérgola gigante, donde todo nos sentamos y un hombre en velo blanco se paró al centro, para comenzar a hablar sobre el significado de estar aquí y todo lo que resultaría. A la mitad del discurso me perdí, y comencé a ver a las personas que habían venido a de otras partes del mundo. Noté varios asiáticos; japoneses, chinos y coreanos. Un grupo grande de europeos; ingleses, italianos, franceses, españoles, alemanes, etc. Había mucha gente del país también, reconocí gente de Nueva York, de Miami y de Los Ángeles, entre otras ciudades.
                                                                                                                                               
-…sean bienvenidos y disfruten su estancia!-fue lo único que escuché. El pequeño sacerdote hizo una venia y toco una especie de campana, que supuestamente nos daba la alarma para ir a nuestros ya definidos cuartos. La división era simple, hombres en los recintos habitacionales de la derecha y mujeres en los de la izquierda. Bastante sencillo.

Llegue hasta la entrada del recinto para hombres, donde había una lista con los respectivos cuartos.

-Cuarto 147-dije para mi mismo. Will, Rob y yo habíamos hecho un juego de piedra papel y tijera, donde el que quedaba último se quedaba sin pareja. Obviamente ese había sido yo, así que había pedido un compañero al azar y el que me habían dado se llamaba Darren Touthel. Abrí los ojos y sonreí, el apellido del chico era bastante gracioso. Fui de frente por el camino hasta llegar a mi cuarto, que se encontraba en el primer piso, abrí la puerta y el chico ya estaba ahí, arreglando sus cosas con una cara bastante seria. Era de piel morena, tenía un cuerpo robusto y  pelo negro rizado.

-Hey-saludé, tratando de ser amigable.-Soy, Anthony McClugg. Mucho gusto-dije sonriendo con una mano alzada en señal de saludo.
-Si, lo vi en la lista de la puerta. Ya sabrás que yo soy Darren-dijo sin mirarme de frente, mientras aún arreglaba sus cosas en los cajones.
-Sí, sí. Y, ¿De dónde eres?-pregunté colocando mi mochila encima de la cama que supuestamente era la mía.
-New Jersey-respondió corto y seco.
-Interesante, yo soy de San Francisco-dije fingiendo una sonrisa. El chico era bastante frio y difícil, tal vez haber pedido una pareja al azar no había sido tan buena idea como había creído. Arreglé algunas cosas y salí rápidamente, huyendo del chico y así poder socializar con algunas otras personas.

Caminé por el lugar, viendo cómo todos los chicos preparaban hablaban en otros idiomas o se entretenían a su manera. Mientras caminaba sonreía, cuando se escuchó una campana, que era señal de que nos teníamos que reunir en la gran Iglesia que había al centro del lugar. Seguí al resto, mientras mis ojos seguían revisando curioso todo lo que pasaba a mí alrededor.

-Hey, bruto-escuché una voz conocida. Volteé y ahí estaba Aly, sonriéndome. Le sonreí de vuelta y ella se acercó a mí, entrelazando su brazo con el mío y caminando a mi mismo ritmo.-Bastante grande este lugar ¿no? También me sorprende la gran cantidad de personas que hay-dijo con la mirada al frente.
-Sí, bastante grande es el sitio-dije mirando alrededor.-Creo que mi compañero me odia, es de New Jersey-sonreí de lado.
-¿Ah si? Tony, ni siquiera has pasado una hora aquí y ya le caes mal a la gente, eres todo un caso-dijo en tono burlón.
-Bah, como si fuera apropósito.-rodé los ojos. Siempre había tenido ese problema, siempre terminaba cayéndole mal a las personas, era como una maldición. Caminamos un rato más hasta por fin llegar a la Iglesia, donde ya bastante gente estaba sentada.

Nos colocamos en la 5ta fila, donde había unos espacios vacios. Después de unos minutos de espera, el sacerdote abrió la ceremonia, dándonos de nuevo la bienvenida y explicando lo que haríamos en esta semana en que nos alojaríamos a aquí. Mi mirada se perdió entre toda la gente que estaba por ahí, pero por algún motivo me fijé en el Sr. Gruse, me fijé en su rostro y un brillo extraño salió a relucir. Habia sido exactamente igual al que había visto en sus ojos antes de subir al bus. Al parecer el Gruse me vió ya que volteo inmediatamente y se fue hacia el sagrario, atrás del sacerdote como si buscara algo. El sacerdote siguió hablando como si no se diera cuenta, pero de pronto, este se calló y abrió los ojos como platos. Luego, gritos se escucharon, vi mejor y me di cuenta que el sacerdote tenía una espada atravesada. Este cayó, y se dejo ver a Gruse riendo como psicópata, mientras un aura oscura lo enredaba.

-Que mierda-susurré para mí mismo. Volteé a ver a los demás, pero al parecer estaban igual de asombrados que yo. Nadie se movía, solo había gritos y algunos llantos.

-¡AHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! ¿Qué pasa ciervos de YHVH?-se escuchó una voz sombría proveniente de Gruse-¿¡Le temen a un simple rebelde!?-el aura morada lo consumió por completo, hasta que ya no había Gruse, si no una figura en un velo negro, como el hombre del sueño, con las manos abiertas y riendo enfermizamente.

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